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Traducción y adaptación al castellano por Graciela Marker
Prohibido el uso y la reproducción total o parcial del presente texto sin el consentimiento expreso de Graciela Marker.
 

Slash e Izzy Stradlin Hablan de Guitarras

 

La siguiente es una entrevista a Slash e Izzy Stradlin, realizada en 1989 por el periodista Joseph Bosso, para la revista Musician.

Nacido en Inglaterra en 1965 y criado en California, Slash desarrolló temprano un agudo oído musical. Ya que ambos padres trabajaban en la música, la audición era estimulada en el hogar. “Esto es antes de los cds y aún de los casetes”, recuerda Slash, “pero teníamos algo así como mil discos en casa, todo tipo de cosas. Así que, para la época en que me sentí interesado en tocar la guitarra, tenía un sentido bastante agudo de lo que me gustaba y por qué me gustaba. Eso puede ser muy importante. Yo recuerdo a Jimmy Page diciendo una vez en un reportaje que el elemento más esencial para ser un buen músico es ser capaz de escuchar música en tu cabeza. Si podés escucharlo, entonces podés enseñarte a vos mismo cómo tocarlo”.

Una buena teoría, pero difícil de comprobar en la guitarra española de una sola cuerda con la que Slash comenzó: “Sí, requería dar un montón de saltos”, se ríe, “No era realmente una mala guitarra, pero tenía solamente una sola cuerda, la E grave. Yo estaba realmente determinado a aprender, así que simplemente tener una guitarra ya era un comienzo. Me enseñé a mí mismo a tocar un montón de canciones en esa sola cuerda. Luego, cuando finalmente fui a tomar lecciones, el maestro es como que me miró y me preguntó si tenía otra guitarra. Pienso que era muy ingenuo por entonces. Así que hubo un largo período antes que tuviera una guitarra real”.

Para el tiempo en que tuvo su primer auténtico instrumento, una copia de Les Paul que le regaló su abuela, Slash estaba aplicadamente aprendiendo yeites de los discos. “Era la única forma en que podía haber funcionado para mí. Yo no era realmente bueno con las lecciones, aunque el tipo con el que estudié, Robert Wolin, fue una gran ayuda. Él era una inspiración, en cierta forma, porque tenía una banda, una de esas bandas Too Forty realmente buenas, que tocaba todos los clásicos noche tras noche. Era ciertamente el intérprete más increíble que yo había visto jamás. El me mostró la diferencia entre lo que era primera y rítmica, me mostró cómo reconocer las diferentes cosas que yo estaba escuchando en discos. Fue muy divertido, realmente, porque yo le llevaba un disco, él lo ponía, y lo aprendía allí mismo, todos los punteos, todo nota por nota. Cuando sos un teenager, la cosa más increíble es ver a alguien tocar “Stairway To Heaven” ahí enfrente tuyo. Así que este maestro me dio las basas justo de la manera correcta, lo que me permitió sacar cosas de los discos y aprender por mí mismo, que es lo que hice durante un largo tiempo”.

Sintiéndose crecientemente obsesionado con la música, Slash reconoce haber sido un desastre en la escuela, prácticamente faltando todo el séptimo grado, para sentarse en su casa y practicar. “El rock básico de los setenta”, recuerda, “Zeppelín, Aerosmith, Ted Nugent. La guitarra tenía esa cosa única para mí. La única cosa que me interesaba en la escuela era ese curso de armonía, que tomé porque era música y me imaginé que me interesaría. Todo el curso estaba basado alrededor del teclado, estaba todo escrito. Lo interesante es que obtuve un sobresaliente en el curso, aunque nunca realmente apliqué nada a la guitarra. No se me ocurrió. El curso, para mí, era más matemático”.

El equipamiento de Slash por entonces reflejaba su approach casual a la interpretación. “El amp que tenía en esa época era un Fender Twin, los de cara negra. Yo no sabía lo que tenía, así que lo cambié por ese pedazo de mierda, ese Sunn Beta Lead. ¿Podés imaginarte? ¡Tenía ese cabezal berreta de transistores, era lo peor!”

La copia de Les Paul encontró un destino más piadoso: “Terminé atravesando el cuello contra la pared. Yo no sé porqué. No fui capaz de conseguir instrumentos que me gustaran hasta que empecé a trabajar en esa tienda de música; a causa de ese trabajo pude hacer algunas buenas transas. Conseguí una B.C. Rich, luego una realmente linda Stratocaster ´59 y más tarde una Les Paul Beauty ´69, que realmente me gustaba”.

Para el tiempo en que Slash empezó en sus primeras actuaciones, un vacío de géneros se había desarrollado en la escena de clubes de Los Angeles. La explosión de The Snack en 1979 evolucionó hacia un breve movimiento punk de L.A. De cualquier manera, no fue hasta que hubo un resurgimiento del heavy metal (una nueva y más glamorosa versión, difundida por gente como Ratt y Motley Crüe), que la escena de clubes de Hollywood se metió de vuelta en el negocio. Alrededor de esa época, diferentes fracciones de lo que eventualmente se tornó Guns N´ Roses, empezaron a zapar juntos.

“Estaban Izzy y Axl”, recuerda Slash, “y por otro lado estábamos Steven y yo. Y luego estuvimos nosotros en diferentes combinaciones. No estábamos listos, sin embargo, y no duró mucho”.

Insatisfecho con la falta de progresos, Slash se fue por un tiempo, sorprendiendo a todos uniéndose a una banda negra de funk. “Una elección realmente extraña”, concede, “pero definitivamente una buena movida. No tocamos muchos shows, creo que hicimos sólo uno, pero zapábamos todo el tiempo. Realmente me ayudó a concretar mi feel, mi sentido del ritmo y mi approach general. Estoy realmente contento de haberlo hecho. Pienso que ayudó mi actitud para cuando Guns N´ Roses realmente sucedió”.

“Tenía diecisiete cuando vine a California”, recuerda Izzy Stradlin. Izzy anduvo de un lado para el otro de chico. “Cosas de familia”, dice sin aclarar. “Nací en Florida y me mudé con mi madre a Lafayette. Empecé a joder con un set de batería, conocía a Axl, y estábamos mucho juntos. Era una tierra de nadie. Decidimos formar una banda. Era una mala época, estar allí. La gente, las chicas, eran tan para atrás. ¡Las chicas ni siquiera sabían cómo vestirse cuando iban a recitales! Así que las perspectivas eran nefastas. Axl y yo estábamos metidos con cualquier cosa que tuviera beat fuerte y duro. Pienso que así es cómo nos las arreglábamos para soportar todo eso que pasaba”.

Metiendo su batería en el baúl de su Chevy Impala, el joven Izzy decidió probar suerte en California. La batería fue rápidamente transada por un bajo, lo que a su vez fue prontamente cambiado por una guitarra. “Fue una cosa natural para hacer”, dice Stradlin, “aunque realmente no puedo explicar por qué. La música en la que estaba metido y quería tocar se prestaba mejor a la guitarra. Yo estaba metido con cosas duras y el poder crudo que tenían esas cosas, el sonido de los acordes. Así que conseguí esa Les Paul, que era realmente buena para barrechords (acordes con cejilla), que es todo lo que podía tocar en esa época, de cualquier manera. Luego conseguí la guitarra de mi amigo, una Gibson LG5, creo. Tocaba con esa guitarra junto a los discos por siempre”.

“Poco después de eso, conseguí poner mis manos sobre una Gibson Black Beauty, que tuve durante años. Una vez, antes de salir de gira, tenía que pagar el alquiler, así que la vendí”.

Para el momento en que Guns N´ Roses se formó, los shows y la notoriedad llegaron mucho más fáciles que antes. La banda se volvió una de los números permanentes en las calles de Hollywood, tocando en cualquier lugar y oportunidad que se les cruzara. En apariencia, eran sólo otro grupo de reventados y perdedores, yendo a ninguna parte. Pero como dice Slash, había un método en su locura. “Básicamente comprometimos un montón de nuestras vidas en ese punto para trabajar en la banda, para trabajar en la música. Seguro, podía no haber funcionado, pero ese era el riesgo que teníamos que tomar. No conocíamos ningún otro camino, no estábamos particularmente interesados en otras alternativas. Es como que no teníamos miedo”.

Amontonados en un cuartucho, la banda ensayaba canciones con cualquiera que fuera el equipamiento que tenían esa semana, constituyéndose su desesperada situación en un alimento para sus composiciones. “Algunas de las mejores cosas pueden ser compuestas a partir de tiempos duros”, dice Izzy, “Slash y yo tirábamos riff ida y vuelta, lo que es ciertamente uno de nuestros puntos más fuertes. Yo compongo en cualquier cosa, lo hice y todavía lo hago. Pienso que escribí muchas de las cosas de Appetite en una vieja Harmony. Era gracioso. Stevie preparaba su valija y tocaba la batería en ella. Bien crudo. Yo grababa todo el asunto en ese grabador con micro casete. Sonaba realmente bien; así es cómo componíamos. Pienso que quizás algún día voy a editar esas cosas. Así que no importa dónde compongas, portastudios, ocho canales. Si vos tenés una canción que vale la pena, no importa”.

Para el momento en que la banda firmó con Geffen, el equipo de guitarras gemelas compuesto por Slash e Izzy se había desarrollado en un feroz escuadrón de asalto, más reminiscente de los primeros Clash, Stooges, o los Stones de los 70 que cualquier cosa que se refiera al heavy metal. La primera guitarra, excepto raras ocasiones, recayó sobre Slash, que había refinado su técnica durante los años difíciles, realzando el material del grupo con solos multifacéticos y líneas transicionales, algo que los distancia de sus contemporáneos que tocan haciendo exhibiciones de técnica vacía. “Mucho de lo que escucho simplemente no es muy musical”, explica Slash, “No es que no me guste tocar rápido, porque lo hago. Especialmente si estuve tocando rítmica durante un tiempo, porque entonces voy a estar realmente ansiando salir y tirarle alguna al público”.

“Conozco la mayoría de las voicings de acordes, double-stops (cosas a dos cuerdas), diferentes cosas, y no me gusta quedar atrapado en una rutina. Como usualmente no compongo canciones completas, toda la progresión, me da un montón de lugar para ver qué es lo que va a funcionar cuando llevo la canción a Duff o al resto de la banda. Yo soy usualmente el tipo de la banda que está “Esperen, flacos, déjenme trabajar esta parte aquí en los ensayos”. Me lleva un largo tiempo aparecer con partes con las que estoy satisfecho. Cuando escribo un solo, trata de escuchar lo que voy a tocar primero, de esa manera usualmente puedo descartar las malas ideas bastante rápido. Yo veo mucho de esos tipos que están en una posición de la mano, y corriendo tan rápido como pueden. Es muy impresionante, pero no suena muy bien”.

El solo de Sweet Child O´Mine es un buen ejemplo. Slash toma la primera parte de una serie de ideas melódicas hermosamente conectadas sonando casi acústico, antes de meterse en una frenética conclusión con wah-wah, una mini obra maestra que encaja a la perfección con el dramatismo de la letra. “Sabía que tenía que aparecer con algo bueno”, recuerda Slash, “porque la progresión de acordes era simple y directa. Probablemente uso el switch de micrófonos más que nadie que haya visto, lo que es porque no me gusta usar efectos realmente, ni siquiera un boost. Así que para la primera parte de esto, estaba en el micrófono del cuello, y luego cambio a la posición del puente para la parte más loca. La segunda parte fue una sobregrabación, y vos podés escuchar la transición, el momento en que la primera mitad está terminando y el segundo pensamiento está llegando. No me importa eso, es un disco. En vivo, tengo que aproximar la segunda mitad sin el wah-wah, porque salgo al escenario sin ningún efecto, porque de cualquier manera termino pateando todo fuera del escenario”.

“Esa es la manera en que grabamos el Appetite, con ese pensamiento en mente. Queríamos el necesario pulido de estudio, pero con el sentimiento en vivo, crudo, intacto. Es algo difícil”.

El productor Mike Clink permitió a la banda sólo dos semanas para grabar las pistas básicas, todas las cuales fueron registradas con el grupo tocando juntos en una habitación con mínima separación. “Podés escuchar a Izzy en el parlante izquierdo”, apunta Slash, “yo tengo una mezcla estéreo. Hice mis bases rítmicas con la banda, pero todas las sobregrabaciones y leads las hice solo en el control. Algunos de los solos los escribí allí en el momento. Tiene sus ventajas, por supuesto, pero la única contra de grabar de esa manera es que me gusta usar un montón de feedback, en vivo lo usó muchísimo, y como mi amp estaba afuera en el estudio y yo estaba en el control, separado de él, no podía trabajar eso”.

En cuanto a los procesadores externos fueron mantenidos en un mínimo. “Generalmente no me gustan los sonidos que puedo obtener yo mismo”, dice Slash, “Me gusta el wah-wah porque para mí es un efecto de sonido natural, maleable, que es muy musical. Yo tuve malas críticas porque mucha gente abusó de él. Me gusta el tono que puede producir un wah-wah, la manera en que podés hacerlo gritar y llorar. Es cantante. No me gusta el flanger, sin embargo, porque no es muy bueno ni viviente. Es un efecto automático que no podés controlar demasiado. No importa lo que hagas, siempre repite el mismo efecto a cualquier tempo que lo setees”.

En Anything Goes, Slash hace inteligente uso de otro ítem caído en desgracia: el talk box. Intercambiando frases con guitarra y talk box, creo un efecto de llamada y respuesta, que se convierte en el punto alto de la canción. “Nuevamente, la gente asocia el talk box con un montón de mal uso, un montón de indulgencia. Volvé atrás y escuchá lo que Peter Framptom y Jeff Beck hicieron con los suyos. ¡Yo obtuve el mío de un tipo que tocaba en una banda de música disco!”

Hay un sentido de movimiento perpetuo en los arreglos que es característico. A la manera de Aerosmith en sus discos clásicos de los 70 (Toys in the Attic, Rocks), los power-chords son mantenidos en un mínimo. Las frases transicionales, del verso al estribillo, del estribillo al puente, son reforzados por los runs (frases rápidas) del bajo de Duff, usualmente acompañado por Slash.

“Duff es un ex guitarrista”, nota Slash, “Eso lo hace realmente bueno para trabajar esas partes. El piensa como un guitarrista, y no se limita a largar corcheas. Como esos puentes escondidos, como el de Welcome To The Jungle, esa parte errante. Esa es su especialidad”.

“Yo no sé si algo de lo que componemos es visionario o algo por el estilo”, concluye Slash, “Simplemente no nos gusta sonar como otra gente. Somos realmente concientes de eso. No pasamos un montón de tiempo preocupándonos por pasadas en la radio o duración de las canciones, pero parecemos capaces de aparecer con material accesible de cualquier manera. A causa de que cada uno tiene algo que decir en la composición y construcción de los arreglos, las canciones salen bastante interesantes para el momento en que son completadas. Nadie tiene la palabra final, aunque el tipo que escribió la mayor parte de la canción puede expresar sus opiniones más fuerte que en el resto”.

Guitarras Stradlin

 
 
 
 

Guitarras Slash
 
 
 
 
 

Púas Stradlin
 
 
 

Púas Slash
 
 
 
 

Slash junto a su colección de guitarras Gibson

El guitarrista Izzy Stradlin

Slash junto a sus amp preferidos, marca Marshall, y su guitarra de doble mastil.

Izzy Stradlin en vivo con uno de sus modelos preferidos de Les Paul.
 
 
 
 

 

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